Nuestro agradecimiento por su colaboración desinteresada a la familia de Juan Ramón Jiménez.
En el año 2006 se celebra el cincuentenario de la concesión del Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez -que coincide con la muerte de su esposa, Zenobia Camprubí Aymar- y el 125º aniversario de su nacimiento el 23 de diciembre de 1881 en Moguer (Huelva).
Se ha ponderado su amor por su pueblo natal, "el nido limpio y cálido", "la luz con el tiempo dentro", pero quizá se desconoce su estrecha vinculación con Sevilla que fue decisiva en su formación personal y literaria.
Llega a Sevilla con quince años para ser pintor Juan Ramón Jiménez vino a la capital hispalense con quince años para estudiar Derecho, obligado por el padre, y Pintura por deseo propio. En el Rectorado de la Universidad se conserva el expediente del escritor que no completó sus estudios académicos porque se dedicó a la pintura en un estudio de la calle Gerona, zona en la que hospedaría y a la que llamó "limbo de los pintores". (Cuando yo estaba en Sevilla, en el limbo de los pintores, calle de Gerona...)1
Su profesor era Salvador Clemente, un gaditano que lo introdujo en la Sevilla del momento llena de pintores a los que llamó "folkloristas y fandangueros" que no culminaron sus expectativas ( Yo creo que no seguí pintando porque el ambiente me mató la esperanza. Si en vez de ir a aquel estudio tropiezo con un gran maestro, quizás hoy sería un gran pintor ).2
El 1 de marzo de 1898 se inscribió como socio del Ateneo de Sevilla, cuya sede estaba situada por entonces en la calle Tetuán, número 25, con entrada por Jovellanos, 10. Allí empezó a leer, entre otros autores, a Gustavo Adolfo Bécquer y a conocer a escritores sevillanos que lo animaron a escribir. Fue en Sevilla donde decidió abandonar los pinceles para dedicarse por completo a la literatura.
Yo empecé muy temprano, entre mi último año de bachillerato en los jesuitas, mis 14 y mi primero de pintor de Sevilla, mis 15. Lo primero que recuerdo fue un fragmento en prosa y una rima becqueriana 3 , los dos, que no conservo, me los publicó el director de "El Programa" de Sevilla en la pájina 4 literaria de su diario. Exaltado con este éxito, seguía escribiendo con verdadero frenesí. Me pasaba las horas vivas del día y de la noche en un escritorio del Ateneo de Sevilla, escribiendo versos y prosas y enviando mis escritos en el momento de terminarlos a todos los diarios de Sevilla y Huelva. Yo firmaba J. R. en dichos periódicos: "El Programa", "El Porvenir", "El Correo de Andalucía", "Diario" y "Heraldo" de Huelva deben estar llenos de mi colaboración de esa época. Conservé varios años la mayor parte de esos periódicos, pero, no sé cómo, todo ha ido desapareciendo (...). Es claro que era imposible que mi inexperiencia 5 (...) de pronto al milagro. (...). Hay estrofas y líneas que yo volvería a escribir hoy mismo 6
Como recuerda Juan Ramón Jiménez, Su primer texto fue un escrito en prosa titulado "Andén", que, de momento no se conoce, se sabe de él que hablaba de una loca que esperaba siempre en una estación cualquiera a un hijo que nunca había tenido. Él empezaba a sentirse escritos, a saberse escuchado y admirado, algo que le sorprendía y lo llenaba de emoción:
A los 15 años, Sevilla, pintando ya sin ilusión, dejé de pronto mi paleta y empecé a escribir con embeleso y entusiasmo. Si el pintor sevillano no me exaltaba, el escritor universal estaba, a mi gusto, conmigo (...). Mi hora era ya el Ateneo; allí leía cuanto encontraba (...). Y allí hablaba y hasta discutía con escritores, pintores, periodistas, todos mucho mayores que yo 7
En Sevilla se enamoró de una puertorriqueña llamada Rosalina Brau que vivía en la calle Otumba ( Nos enamoramos, sin saber cómo, locamente ), pero ella regresó a su país ( y yo me quedé solo (...) en aquel verano de Sevilla (...). Por las noches paseaba lentamente por las plazas, penetradas el alma del olor del azahar, mirando (...) a la luna (...), que rielaba sobre el río Guadalquivir (...) ). 8
En la capital hispalense también tuvo tiempo de disfrutar (Ni una sola noche mientras estaba en Sevilla dejé de ver bailar ni oír cantar o tocar lo andaluz. En Novedades, en el Burrero nos reuníamos todas las noches antes de comer el pescaíto frito, antes de acostarnos ).
Consideró a Sevilla una "ciudad ideal", un paraíso, la nombró capital lírica de España y se sintió "eterno envidioso de la Giralda, casi humana, voleada siempre de altas palomas y de los que pueden oír, cada día, sus alas y sus campanas en el sol y la luna de Sevilla". Él se sentía "andaluz universal" y tan moguereño como sevillano:
"Como soy de Moguer y de Sevilla,
canto mis alegrías por seguidillas". 9
Visitó con frecuencia la ciudad a lo largo de su vida, le gustaba hospedarse en el Hotel Inglaterra de la Plaza Nueva, conservaba una cuenta abierta con el librero Tomás Sanz que tenía su tienda por entonces en la calle Sierpes y fracasó el proyecto de colaborar en un Instituto de Estudios Hispanoarábigos que habría supuesto su traslado de residencia a la capital hispalense. Manifestó abiertamente su sintonía vital y espiritual con la ciudad a la que definió como "manantial de belleza vaga, brisa de sensaciones (...), luz de incontables matices (...)". Tras su etapa de adolescente en Sevilla, la ciudad le rindió varios homenajes y él siguió colaborando en revistas sevillanas como hiciera en su juventud.
Murió en Puerto Rico en 1958 pero, antes de ser enterrado en Moguer, su féretro se detuvo en la calle Laraña, en la que por entonces era la capilla de la Universidad de Sevilla, donde fue expuesto al público.
La obra de Juan Ramón Jiménez da fe de la buena relación que mantuvo con la ciudad a lo largo de toda su vida y del afecto y admiración que le profesó. Siendo una persona exigente con todo y con él mismo, lúcido, crítico y remiso a tópicos, ofrece en sus textos un tratamiento de Sevilla refinado y luminoso, de una gran altura literaria. Incluso dejó en proyecto publicar un libro titulado así, Sevilla , que por fin se ha editado en la ciudad 10. La obra contiene hermosos textos en prosa sobre rincones sevillanos (la Giralda, la catedral, el Alcázar, el río Guadalquivir, Triana, la Plaza Nueva...), sobre el escritor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer o sobre el baile de las sevillanas.
En este libro y en toda su obra, desde un poema que le dedicó al río Betis con catorce años hasta la referencia a la ciudad en libros de madurez como Diario de un poeta reciencasado y Espacio, Sevilla recorre su obra intermitentemente.
Ofrecemos una selección de fragmentos para que se conozca la visión personal de la Sevilla juanramoniana:
Tomo el coche en la Plaza Nueva, el coche brillante y limpio, bajo una palmera y le ruego que me lleve por donde quiera (...).
Yo le elogio a Sevilla (...), vamos a gusto por la sabrosa Sevilla desde la Pasarela...
"El cochero y su niña", Sevilla.11
...abajo en la humedad suaves verdores de naranjo manchan la bruma azul y violeta; arriba la Giralda, rosaoro, como olvidada del suelo, como suspendida en el aire, canta en todas sus campanas un repique que aunque ensordece, es todo ensueño. Y las palomas blanquiazules, abajo, al emprender el vuelo, se van inflamando primero en oro, luego en rosa, a medida que ascienden a las altas claridades.
"El patio de los naranjos. Otoño. (La fuente)", Sevilla. 12
Las sevillanas, este baile único, son como un vuelo. Se adelante la pareja y se abre de alas, y ensaya un poquito aquí y allá. Luego, el aleteo se fija, se enreda, se complica, hasta que le entra el goce de sí mismo, y entonces, copla a copla, se yergue, se ladea, roza el suelo con el ala, se tiende, se embriaga, enloquece s u oleaje... ¡Ya está loca la pareja! (...) flor depurada de siglos de baile volador.
(¡)Sevillanas! Fuera, la Jiralda sueña vagos sones tardos vibrando en la luz completa de la tarde. No hay rincón, por leve que sea, comisura de labios, cáliz de flor, que no encante y trasparente la luz (...). Sobre la plaza de toros arde en oro sobre los ladrillos la Jiralda (...). Cae la tarde. Las casas se ponen rosas.
"Sevillanas", Sevilla.13
Giralda, ¡qué bonita
me pareces, Giralda -igual que ella,
alegre, fina y rubia-,
mirada por mis ojos negros -como ella,
apasionadamente!
"¡Giralda!", Diario de un poeta reciencasado. 14
A Sevilla le echo los requiebros
que te echo a ti (...).
Me parece
que, como tú, llena ella el mundo (...).
¡Sevilla, ciudad tuya,
ciudad mía!
"Tú y Sevilla", Diario de un poeta reciencasado. 15
(...) En la primavera universal, suele El Paraíso descender hasta Sevilla.
"De la Guía celeste", Diario de un poeta reciencasado. 16
Rocío Fernández Berrocal. Doctora en Filologia Hispánica. Profesora del IES Diego LLorente. Los Palacios (Sevilla).
Derechos reservados de la familia de Juan Ramón Jiménez para sus textos y sus fotografías personales.